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11 abr 2016

Carta desde el Bosque




Transcurre el año de 1805 en un denso y húmedo bosque de niebla que se extiende desde la zona alta de Sasaima hasta lo que es Pacho, compuesto por grandes ejemplares de pinos romerones, cedros, robles, cuchillos, hojarascos, palmas de cera real entre otros, donde a la altura del suelo no se logra ver la luz del sol y solo se escucha el sonido de una infinidad de aves y se anda con el temor constante encontrarse un puma, se encuentran varios claros con el rastro del paso de las hachas, en uno de estos se encuentra una casa, que más parece la ruina de una. En esta empalizada refugiándose de la lluvia se encuentra don Sarachagu, un cascarillero que le escribe a don Antonio de Arasola un empresario quinero asentado en la ciudad de Santa Fé, de la siguiente forma:

Si quieren saber más del inicio de la destrucción de los bosques de Supatá, San Francisco, La Vega y Sasaima continúen leyendo el texto. 


Aquí el :  Texto en PDF 

17 feb 2015

Un vivero de nativos

Pino Romeron de mi casa
Mi casa finca, es un antiguo potrero ganadero, y ahora me encuentro en camino de poblarlo con diferentes variedades de plantas nativas –una pequeña parte-, en especial con árboles. La zona era un antiguo bosque húmedo andino, y frente a mi casa se ven retazos hermosos, la gracia, pese al pequeño tamaño del lote, es contribuir con la protección de algunos árboles.

En esa lógica, estoy implementando un pequeño vivero de árboles nativos, inicie con unas semillas de corono (árbol pequeño y espinosos que da alimento a la avifauna), con unas de Chicala y con unas de Nogal. Por el momento las coloque en sus respectivos germinadores, y utilice un promedio de 8 semillas, esperando germinar más de uno. De salir más de dos, regalare las plantas a vecinos interesados en darle un hogar a árboles nativos.

Les contare como avanza la germinación y de ser posible la adquisición de más semillas.


PDT. En mi vivero tengo 2 romerones rescatados, que nacían al borde una carretera, espero crezcan un poco para sembrarlos. 

27 ene 2015

Una planta de maíz en el jardín



Soy estudiante de historia, y aparte de mi interés en la historia, me muevo en la política, siempre
del lado de la izquierda, por convicción, tradición y como es natural por miopía. Pero al margen de estos intereses profesionales, desde hace un tiempo me he interesado en la agricultura sostenible y en la restauración de bosques nativos, y sobre esas dos cosas escribiré también a partir de ahora.

En mi casa en San Francisco Cundinamarca, que es una cabaña en el filo de una montaña a 1860 msnm, y que es un antiguo potrero de pastoreo para el ganado, se sembró un pequeño jardín con una palma areca en la mitad, acompañada por tres crotos y varias cintas, todas estas rodeadas de una planta muy común cuyo nombre no recuerdo –véanla en la foto-.

Días después mientras desyerbaba el jardín, encontré un pasto muy grande y justo ese día el señor que es mi surtidor de plantas y amigo, estaba en la casa y  me comento, “Camilo, ese no es un pasto, es una planta de maíz”. Quede sorprendido, y decidí que dejaría crecer el maíz no solo para esperar la cosecha de dos mazorcas –que según quienes saben es el promedio que da una planta-, sino también porque me pareció un bello símbolo ancestral.

En ese momento recordé la lectura que hice Karl Langebaek, sobre el territorio y el comercio en el territorio muisca en el siglo XVI[1], cuando comentaba en defensa del modelo de control vertical del territorio, que diferentes unidades muiscas asentadas en el altiplano, tenían cultivos de maíz, hayo-coca- y algodón en tierra templada, en el caso del primero para tener una reserva en caso de heladas –además en clima templado crece más rápido- y en el caso del hayo y el algodón, porque solo en estos climas es posible su crecimiento. Pero porque traer esto a colación, y es que para el siglo XVI, existe material documental que el cacique de Subachoque, el de Chinga –El Rosal- y de Chueca –cerca de Facatativá- tenían sementeras o parcelas cultivadas de dichas plantas al otro lado de la cordillera, en donde se ubican hoy el municipio de Supatá y de San Francisco.

Dicha referencia histórica –pues en la zona no se ven muchas plantas de maíz-me entusiasmo y seguí el crecimiento de la planta, esta creció hasta tres metros en un lapso de tiempo de 5 meses y sobrevivió a los embates de los fuertes vientos que golpean la zona.

Fue interesante dicha observación, pues nunca me había acercado a una planta de maíz. Me causo mucha curiosidad que la planta tiene una serie de raíces que parecen dedos que salen a los costados del tallo y la aferran al suelo, sumado a ello, el tronco resulta muy similar a un bambú. Pero conforme pasaba el tiempo, me pregunte en que momento era la cosecha. Pregunte al vecino y al amigo del vivero, y me comentaron que se estima en tiempo -4 o 5 meses- y conforme también, va endureciendo el par de mazorcas.  Me comentaron que tenía que palparlas para evitar que se endureciera mucho el maíz, si sentía medianamente blando era el momento de arrancarlas. Pero ambos me dijeron que eso varía dependiendo la variedad, en ese momento quede plop ¡, pues no tenía ni la más remota idea que variedad seria, ellos comentaron que al no saber el origen de la semilla la única forma de saberlo sería el día en que cosechara.

No es menor el detalle de la variedad, si es maíz amarillo, es para alimentar gallinas o marranos y si es blanco, es para consumo humano. Pero al margen de ello llego el día de arrancar las mazorcas. Fue fácil, pero resultaron más hojas que maíz, pues salieron tusas con muy pocos granos de maíz blanco, que solo alcanzaron para colocar algunos granos a los huevos revueltos.

Resulta que al parecer dicha planta de maíz, era de una semilla de “mala” calidad. Me pregunto, era un semilla muy silvestre o una semilla procedente de una planta producto de una semilla transgénica?, creo más en la segunda, pues es conocido, que de las mazorcas que vienen de semilla transgénica salen plantas estériles o con una calidad muy baja en su cosecha. Además en la zona no se reporta la existencia de maíz silvestre.

Pero sin importar el resultado de esa planta de maíz transgénico, el hecho que la planta creciera casi de forma silvestre y la referencia histórica del cultivo en la zona, me llevo a la idea de hacer mi propia sementera con maíz. Conseguí la semilla de maíz de la zona –No transgénico-, una mazorca llena de granos, cada uno una potencial planta, y junto a cada grano de maíz sembré algunos granos de frijol, para que existiera esa conveniente asociación. Ahora toca cuidar el cultivo y esperar el paso del tiempo. 




[1] Langebaek, C. H. (1987). Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muisca. Siglo XVI. Bogotá: Banco de la República.


10 jun 2014

Camino el Yaque

Al llegar a la plaza central del pueblo de San Francisco de Sales, al costado nororiental, frente a la alcaldía, se encuentra un aviso de información turística, que señala el recorrido del camino del Yaque. Según ese aviso, el camino inicia en la plaza del pueblo y finaliza en el alto del Yaque, y cuenta con una extensión aproximada de cinco kilómetros.

Dicho camino es un antiguo camino colonial, que comunicaba La Vega con Subachoque. Así lo muestran los mapas de la zona del siglo XVIII y XIX. Hoy el camino aparte de comunicar un par de veredas del municipio, se perfila como una atracción turística para hacer caminatas ecológicas.

Con ganas de comprender un poco lo que pudo significar transitar por este camino y lo que era pretender viajar de San Francisco hacia el altiplano en el siglo XVIII, realice la caminata. Fui acompañado por mi padre, mi novio y mi perra.

La caminata se hizo un sábado en una mañana soleada -estimo que contábamos con una temperatura de 20-22 grados- e iniciamos un par de cuadras arriba de la plaza central, donde dejamos nuestro carro. Al inicio se ven varias casas de recreo, muchos perros y una variada vegetación, donde resaltaba la increíble variedad de flores, así se mantuvo el paisaje por un poco más de un kilometro.

Después de la zona de casas de recreo –unas muy lujosas-, entramos a una zona que puede ser denominada como un poco más agraria, donde ven cafetales y platanales, pero no es muy extensa dicha zona. Lo interesante de esta parte son el par de quebradas que se pueden ver, incluso en una de ellas se puede refrescar los pies, y los perros calmar su sed.

Al ser el camino un ascenso a un alto, desde su inicio es en subida, solo que después de los cafetales la pendiente es más pronunciada. Al pasarla, se entra en clima frio, y es visible por el cambio en la flora, los eucaliptos, pinos –tristemente- se hacen comunes. Ligado a ello, aparecen los potreros ganaderos, haciendo entre estos dos un paisaje simple y algo estéril –lo compensaba el fuerte sol del momento-. Seguramente este camino en el siglo XVIII y XIX, estaba rodeado de un espeso bosque de niebla.

Finalmente, detuvimos nuestro acenso, cuando el camino llego a la entrada de una finca, pero creo que estuvimos cerca de llegar al fin, puesto que al fondo se veía relativamente cerca el boquerón entre dos grandes montañas, que creo, marcaria el fin del camino. Falta entonces indicaciones para saber por dónde continua y en qué punto finaliza efectivamente el recorrido.

El trayecto de ascenso dura una hora y media, e igual tiempo tarda el descenso. Estimo que ascendimos un poco más de 500 metros, pues el pueblo se encuentra a 1500 msnm y la zona hasta donde llegamos tenía fauna y flora propia de una altura de 2000 msnm.

Para la reflexión histórica, transitar un parte del trayecto del camino del Yaque, me hizo comprender, el porqué el ascenso al altiplano en la colonia y en buena parte de nuestra vida republicana se realizo por La Mesa. Ascender desde La Vega -1200 msnm-, pasar por San Francisco, subir al Yaque y de ahí subir otra montaña cercana a los 3000 msnm, para luego bajarla, era una tarea a pie o lomo de mula muy ardua y seguramente peligrosa, pero aun así existía el camino, lo que significa que un grupo significativo de personas lo transito. Ahora falta saber, quienes, con qué destino y con cuales8 motivaciones recorrieron el camino hace un poco más de dos siglos.