22 sept. 2016

Los rieles del olvido

La Candelaria, el centro histórico de la ciudad tiene una gran cantidad de patrimonio histórico: la Casa de la Independencia (la del florero), la Plaza de Bolívar, la Casa de la Moneda, Catedral, el Teatro Colón entre otros. La mayoría son museos o casas y datan de la época colonial o del siglo XIX.
Pero bajo nuestros pies y ahora ante nuestros ojos en plena carrera séptima (Antigua Calle Real) se encuentra otro elemento histórico que enriquece aún más a la Candelaria, no es un antiguo acueducto colonial (como los que suele encontrar cuando intentan arreglar una calle en el centro), ni un rastro indígena, es un elemento más cercano, sin duda uno más moderno pero que igual que lo indígena o lo colonial perdido en el tiempo, los rieles del tranvía.

Estos rieles fueron hallados al hacerse la obra de peatonalización de la carrera séptima. Los rieles venían del sur –la Plaza de Bolívar- y se conectaban con los rieles que hoy son visibles en la calle Jiménez –los cuales sentimos los ciclistas-. Al ser hallados un grupo de arqueólogos, historiadores, conservadores-restauradores y museógrafos fueron los encargados de estudiarlos y por presión de la prensa, los habitantes y por comerciantes del sector, de colocarlos de alguna forma en exhibición.  En este sentido, la directora del grupo de investigadores, la arqueóloga Mónica Therrien comentó en un Seminario de Patrimonio en la Universidad Autónoma, que el propósito de exhibir los rieles era de mostrar el valor social que estos tenían y también mostrar lo que representó para su momento y finalmente para tener en cuenta los otros modos de transporte público.  La arqueóloga enfatizo que querían exhibirlos en contexto, en la misma calle, para darle así más significado.




Los rieles exhibidos se encuentran en dos pequeños tramos, cada uno de 12 metros. Uno al lado de la Casa de la Independencia en la calle 11 y otro en la calle 12 b, el resto de los rieles se dejaron bajo tierra, específicamente bajo las jardineras que hoy adornan la séptima.  La apuesta museográfica consiste en unas vitrinas de concreto blanco, acompañadas de cedulas que dan un breve y clara historia del tranvía, otras con frases que muestran las ideas que en su tiempo tuvieron los usuarios, los medios de comunicación y autoridades sobre el Tranvía y otra con un mapa general y comprensible sobre las rutas que tuvo el tranvía.

La exhibición de los rieles solo tiene un par de lunares. El primero es que al ser la carrera séptima una calle que lleva al centro político del país, es por donde pasa las principales movilizaciones ciudadanas. En algunas manifestaciones  unos simples vándalos buscan destruir el equipamiento urbano entre esos las vitrinas en concreto, por lo que las autoridades le colocan una malla de plástico duro para protegerlas. El problema radica en que se coloca la maya y luego no la quitan, entonces queda cubierta la exhibición. El otro lunar, es que el centro es visitado por miles de extranjeros y ninguna de las cedulas se encuentran traducidas al inglés, haciendo que uno de los elementos visitables de la ciudad sea incomprensible para buena parte de los visitantes. Creería que faltó en la exhibición mayores apoyos museográficos para ambientarlos, se pudo incorporar elementos de estaciones y también mostrar algo icónico, su destrucción.

Ya para finalizar, Lo importante de esta exhibición es que muestra que la tecnología no cambia los comportamientos de la ciudad, hoy tenemos troncales de Transmilenio, pero la animadversión del bogotano con su transporte público se remonta a 1884. Es entonces que esta exhibición nos debe llevar pensar y exigir a nuestras autoridades que todo nuevo proyecto de transporte público masivo se piense en función de los usuarios y no de los operadores. Finalmente estamos ante el primer paso para hacer de Bogotá un museo, uno que vive y siente su pasado, que lo enfoque en el presente y siempre con la vista puesta en el futuro.



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