25 jun 2012

El negocio del narco no es la droga, es la muerte: Laura Restrepo


Que buena entrevista. Nos da buenas reflexiones sobre el narcotrafico tanto en México y Colombia, sobre la base del libro que escribió Leopardo al Sol.

Retrato de un intelectual


Al leer las transformaciones de Augusto Comte, con seguridad se puede hacer un perfil intelectual de él y este se podría utilizar incluso para hacer una regla que serviría de parodia para tantos intelectuales.

Para iniciar al intelectual positivista el tema del estilo en la escritura de lo científico se encontraba en un segundo plano, pues el fin tan solo es el resultado de la investigación, sin tener en cuenta lo vital que resulta tener la fuerza del convencimiento logrado por el correcto y agradable ligazón con lo lingüístico. Su argumento se nutre de la falta de necesidad del elemento retorico en los texto, tanto que dice que para lograr de mejor forma su propósito en su trabajo científico se tenía que emular el estilo de los naturalistas propios de su época. Esto lo llevo a la configuración de un rígido sistema de escritura con el cual anulo todo peligro de contaminación con la  retorica y el estilo literario en un texto científico.

Continuando con las características de este intelectual, no se puede obviar una de las más notorias y por ende más determinantes, de trata de lo que los ciudadanos del común llamamos ego. Este personaje tiene tanta confianza en sí mismo, esta tan seguro de su éxito que la humildad y la modestia no son características que se puedan apreciar en el. Pero su monumental ego contrasta con su éxito en la vida real, que si bien no careció de reconocimiento tampoco gozo de un estatus que fuera similar a sus pretensiones.
Muy ligado con su ego, este intelectual al igual que muchos otros es jurado dominador y continuador del legado de algún otro autor, en este caso de René Descartes, esto hace que al escribir llegue al punto de calificar su obra como un clásico en su materia cuando tan sola es una sola publicación y es posiblemente la primera, todo esto denota sus tendencias mesiánicas las cuales se manifestaran cuando al crear un escuela filosófica termina creando una iglesia.

 Pero su particularidad no solo es evidente en su vida académica, esta se hace presente en facetas algo más personales (el siempre se esforzó por separar lo personal de lo intelectual, cosa que cambiaria al final de su vida). Comte configura una intricada rutina para el desarrollo de su vida donde su fin es lograr tener una higiene y dieta impecable que lo direccione hacia una vida saludable, dejando de lado todo “vicio” o placer mundano, al hacerlo logra tener una vida de “sabio”, vida que se completa con la lectura recurrente de los mismo autores y que cuida al no leer prensa para de esa forma tener un “higiene mental”.

Sus hábitos y posturas académicas lo llevaron a creer que sin duda era un ser de superior inteligencia y en algún punto llego a sentirse incomprendido por su época pues no logra sus propósitos pese a tener todo un plan diseñado que cubre todos los flancos. Su insatisfacción con su entorno lo lleva a que evite a su sociedad, sin que ello signifique algún tipo de ostracismo o tendencia ermitaña, pues asiste a los actos culturales y académicos que le merecen importancia. Si bien disfruta de la opera y de algunos poetas, Comte manifiesta su desprecio por los literatos que con diferentes artilugios convencen al grueso de las personas y considera que el arte es digno de disfrute pero no le resulta valioso para la cognición.

Y como todo en la vida de una persona va ligado a muchas variantes cabe mencionar que cada ser humano tiene dos dimensiones, la profesional y la personal, esta última la asocio con sus relaciones interpersonales o relaciones erótico afectivas. En este campo Comte no es más o menos desafortunado que el grueso de la humanidad, sostiene encuentros esporádicos con prostitutas y llega a contraer matrimonio con una de ellas. Como es evidente en su carácter y en su obra la inestabilidad “amorosa” lo somete a un fuerte estrés y lo limita en lo que es fundamental para él, su trabajo académico. Fruto de eso su mente y cuerpo se concentra en su trabajo lo que lo hace muy productivo pero a su vez supremamente estéril.  A esto se le puede sumar que es un personaje misógino. Pero todo esto cambia de repente cuando Comte conoce a Clotilde, esta le demuestra que no existe limitación alguna por ser mujer y lo lleva a replantear su postura sobre las artes y la literatura. Sin llegar a consumar una relación afectiva con Clotilde, Comte ve revitalizada su obra y llega a parafrasear que “Todas las grandes ideas salen del corazón”, lo que lo lleva a concluir que el sentimiento tiene la misma importancia que el intelecto. Podríamos de forma arbitraria y algo atrevida decir que Comte ha experimentado lo que significa vivir y que por medio del paso del tiempo y por tanto de experiencias las personas son capaces de cambiar de lentes a la hora de mirar el mundo que los rodea e incluso su forma de relacionarse con el mismo, lo que en Comte significa hacerse receptivo a la crítica. 

Finalizando este pequeño perfil intelectual de Augusto Comte no se puede olvidar lo importante que resultan sus ideas para la “derecha” francesa, lo que nos recuerda que lo que hacemos y producimos en especial en el marco del pensamiento la filosófico servirá para la configuración incluso de proyectos de sociedad y de musculo para agrupaciones políticas con determinados intereses.


Andrés Rojas
Marzo2012

23 jun 2012

El Libro del Día

Leyendo el discurso de José Saramago "Nuestro libro de cada día" para la feria del libro de Granada (1999), se puede disfrutar las interesantes reflexiones de Saramago sobre los lectores, los libros, la escuela y el placer de la lectura. Pero al final del texto al referirse a las campañas que fomentan la lectura (tiene un postura critica y constructiva sobre ellas. Esta se encuentra en medio del texto) se pregunta ¿que hacen los libreros? en medio de esta coyuntura y dice:
 Nosotros en Portugal, tenemos en las ferias una institución que llamamos El Libro del Día. Es un libro que aparece sin previo aviso y que no tiene el mismo descuento que los demás. Tiene el treinta por ciento. Son libros buenos, no el resto que quedó en los almacenes y hay que saldar. Los lectores saben que cada día han de pasarse de caseta en caseta preguntando por El Libro del Día. Y así ahorran mientras compran y los libreros venden más. Algo así deberían hacer ustedes aquí, porque es una buena idea. Ya saben : El Libro del Día. Y además, esto del El Libro del Día puede encaminarnos a que ciertos libros puedan ser para nosotros los libros de todos los días.


Esta propuesta me parece sumamente interesante y no sobraría rotarla para que en la diferentes ferias del libro se pueda hacer. 

22 jun 2012

La Revolución Científica y el Arte en la Ilustración



 Andrés C. Rojas G.


En este trabajo se intentara hacer un acercamiento a lo que fue en términos generales el arte y la ciencia en la ilustración. En el caso de la ciencia y al leer un par de libros sobre la historia de la ciencia, los dos de Paolo Rossi[1], decidí tocar principalmente el extenso pero fundamental periodo conocido como la Revolución Científica. Por dos razones fundamentales. La primera razón es por el desconocimiento casi general que tengo sobre la ciencia en la modernidad que me impediría abordar específicamente la ciencia del siglo XVIII y la segunda razón porque al leer sobre historia de la ciencia, comprendí que este periodo conocido como la Revolución Científica  configuraría todo el pensamiento y el corpus de la ciencia moderna.
Entrando en materia del ejercicio es importante resaltar un aspecto importante señalado por Jacques Le Goff, quien realiza el prefacio y el prologo del libro  El nacimiento de la ciencia moderna en Europa de Rossi, y es que la cuna de la ciencia moderna es toda Europa, pues sus padres “fundadores” eran de diferentes países: Copérnico era polaco, Bacon, Harvey y Newton ingleses, Descartes, Fermat y Pascal franceses , Tycho Brahe danés, Paracelso, Kepler y Leibniz alemanes, Huygens holandés, Galileo, Torriceli y Malpighi italianos.
Esta Europa cuna de la Revolución Científica durante los siglos XVI, XVII y XVIII será bastante hostil para los científicos, pues tendrá procesos de brujería, tribunales inquisitoriales, la guerra de los treinta años, que trajo consigo un fuerte trastorno en buena parte de la Europa central en todos los sentidos de la vida y de paso durante estos tres siglos la peste tendrá sitiadas a las grandes ciudades, desde la Roma del proceso inquisitorial de Galileo hasta la Londres de Newton.
En este contexto se vive una serie de cambios fundamentales en el marco de las ideas, que darán un punto de inflexión, que dejan ver importantes diferencias entre la ciencia que viene de la Edad Media y la que aparece y se consolida en la modernidad:
1.    La naturaleza de la que hablan los modernos es radicalmente distinta de la naturaleza de la que hablan los filósofos medievales. En la naturaleza de los modernos no existe (como en la tradición) una distinción de esencia entre cuerpos naturales y cuerpos artificiales.
2.    La naturaleza de los modernos es interrogada en condiciones artificiales: la experiencia de la que hablan los aristotélicos apela al mundo de lo cotidiano para ejemplificar o ilustrar teorías; las “experiencias” de los modernos son experimentos elaborados artificialmente con el objeto de confirmar o falsear teorías.
3.    El saber científico de los modernos se parece a la exploración de un nuevo continente; el de los medievales es semejante a la paciente profundización en los problemas sobre la base de reglas codificadas.
4.    A los ojos de la crítica de los modernos, el saber de los escolásticos no parece capaz de interrogar la naturaleza, sino sólo de interrogarse a sí mismo proporcionando siempre respuestas satisfactorias. En ese saber caben las figuras del maestro y del discípulo, pero no la del inventor.
5.    Los científicos modernos –Galileo, en primer lugar- actúan con una “desenvoltura” y un “oportunismo metodológico” que son totalmente desconocidos para la tradición medieval. La exigencia medieval de exactitud fue un obstáculo y no una ayuda para la creación de una ciencia matemática de la naturaleza. Galileo inventaba sistema de medición cada vez más exactos, pero “apartaba la atención de la precisión ideal para dirigirla a la precisión necesaria en relación con los objetivos y a la que se podía conseguir con los instrumentos disponibles … el mito paralizante de la exactitud absoluta fue uno de los factores que impidieron a los pensadores del siglo XIV pasar de las abstracta Calculationes a un estudio efectivamente cuantitativo de los fenómenos naturales” Bianchi (Goff, 1998)
Lo anterior hace posible la utilización de la expresión Revolución Científica. Pero fue vital para que esta se concretara, el hecho que estos científicos fueran consientes de la novedad de sus trabajos y que estos trabajos se desarrollaran en el marco de una nueva forma de saber que exigía “experiencias sensibles” y “demostraciones ciertas”, en otras palabras, que toda afirmación debía ser pública, vinculada al control de los demás, sometida y discutida a posibles refutaciones. Esta ultima parte será fundamental en el desarrollo de la ciencia moderna, pues se reivindicara desde el siglo XVI y desde sus nuevos protagonistas, el mecánico y el filósofo natural  que el saber tiene que ser público, que las teorías tienen que ser comunicables y se rechazara el principio de doctos y simples[2], que es propio del hermetismo que  manejaba la magia y la alquimia controlando de esta forma el acceso al conocimiento. Esta reivindicación se puede ver en la afirmación de Bacon “El método de la ciencia, tiende hacer desaparecer las diferencias entre hombres y a igualar sus inteligencias”.
Pero esta no será la única reivindicación de los padres fundadores de la ciencia moderna, como los llama Rossi. Se discutirá durante todo el siglo XVI, XVII y parte del XVIII, la compenetración entre técnica y ciencia, inexistente en la antigüedad y la edad media[3]. Sólo si se tiene en cuenta este contexto adquiere un significado preciso la postura adoptada por Galileo, que es la base de sus grandes descubrimientos astronómicos. En 1609 Galileo apuntaba al cielo con su telescopio. Lo que supone una revolución  es la confianza de Galileo en un instrumento nacido en el mundo de los mecánicos, cuyos progresos se debían sólo a la práctica, y que había sido aceptado parcialmente en los círculos militares, pero que había sido desdeñado, cuando no despreciado, por la ciencia oficial (Rossi, 1998). La Disputa por integrar mecánica y ciencia se evidencia tanto, que al hacerse las enciclopedias del siglo XVIII, no se tenía suficiente referencia a los procesos técnicos o mecánicos, como fue el caso de la Enciclopedia de Jean d` Alembert de 1751.
Pero el telescopio de Galileo no fue la única muestra de la búsqueda de la unión entre ciencia y mecánica. La imprenta fue tal vez la muestra más clara, pues aparte de ser un invento mecánico, esta expandió el conocimiento por medio de la masificación de libros gracias a los gruesos volúmenes de publicación que desde el siglo XVI y hasta nuestros tiempos inundad al mundo[4]. En medio de esta explosión de publicaciones, los libros de la antigüedad clásica serán masivos, y serán importantes para los humanistas, pero para los padres fundadores de la Revolución Científica como Bacon y Descartes serán objeto de rechazo, pues negaran el carácter ejemplarizante de la antigüedad clásica. No solo rechazan la imitación pedante y la repetición pasiva. Consideran también  que la aemulatio, en la que habían insistido muchos humanistas, carece ya de sentido (Rossi, 1998) . Esta ruptura con los clásicos, coloca con fuerza en este contexto, la “novedad” y se manifiesta con claridad en los múltiples títulos de los libros científicos del momento[5]
Si bien la Revolución Científica fue posible gracias a la vinculación de la ciencia y la mecánica, la discusión pública de las diferentes tesis, la transferencia del saber y el abandono de los clásicos, no hubiera sido nada sin la “destrucción” de unos presupuestos (sustentados en los clásicos, el hermetismo del conocimiento y en la separación de las artes liberales de la mecánica) que permitieran un nueva astronomía, fundamental para el desarrollo de toda la discusión científica del siglo XVII, estos presupuestos eran:
1.    La distinción primera entre una física del cielo y una física terrestre, que era el resultado de la división  del universo en dos esferas, una perfecta y otra sometida al devenir.
2.    La creencia (que era consecuencia del primer punto) en el carácter necesariamente circular de los movimientos celestes.
3.    El presupuesto de la inmovilidad de la Tierra y de su ubicación en el centro del universo, que era corroborado por una serie de argumentos aparentemente irrefutables (el movimiento terrestre arrojaría al aire objetos y animales) y que hallaba su confirmación en el texto de las Escrituras.
4.    La creencia en l finitud del universo y en un mundo cerrado, que va unida a la doctrina de los lugares naturales.
5.    La convicción, estrechamente relacionada con la distinción entre movimientos naturales y violentos, de que no es necesario aportar ninguna causa para explicar el estado de reposo de un cuerpo, mientras, que, por el contrario, cualquier movimiento debe ser explicado por su dependencia de la forma  o de la naturaleza del cuerpo, o por ser provocado por un motor que lo produce y lo mantiene.
6.    El divorcio, que había ido reforzando, entre las hipótesis de la astronomía de la física.
A lo largo de cien años  aproximadamente (1610-1710) fueron discutidos, criticados y rechazados cada unos de estos presupuestos. El resultado obtenido a través de ese difícil (a veces tortuoso) proceso fue una nueva imagen del universo físico, que culmino en la obra de Isaac Newton, en esa grandiosa construcción que hoy en día, después de Einstein, llamamos la “física clásica”. Pero un rechazo que presuponía un cambio radical de los esquemas mentales y de las categorías  de interpretación, que implicaba una nueva consideración de la naturaleza y del lugar que ocupa el hombre en la naturaleza (Rossi, 1998).
Estos nuevos esquemas mentales que permitieron un mundo concebido como un gran reloj[6]  fueron posibles gracias a las formulaciones de Copérnico[7].  Galileo y su defensa del sistema copernicano, sumándole su esfuerzo de conseguir la separación entre las verdades de la fe y las que producía el estudio de la naturaleza. Kepler, sus cinco leyes y su convicción en las demostraciones matemáticas. Descartes, la matemátización de la física, la configuración del cartesianismo y la temprana formulación de la inercia (que con Galileo terminarían por destruir el mito de la perfección de la circularidad). Newton, con sus tres leyes del movimiento y formulaciones sobre la óptica[8].
Pero a la par de estas vitales formulaciones se desarrollaran componentes hoy importantes para la ciencia. Serán las clasificaciones y los lenguajes “universales”. Estas clasificaciones, son “inauguradas” o mejor dicho iniciadas por Linneo, al que con justa razón se le llama padre de la taxonomía[9]. Las clasificaciones tiene una funcionan en el marco de que sirven de forma inicial para no olvidar lo aprendido sobre algunas especies y para memorizar, pues durante los siglos XVII y XVIII la catalogación de especies y minerales se encuentra en un caos, por el número de especies y de formas de organizar. Pero el lenguaje de la clasificación también funciona en el marco de que ofrece un diagnostico pues se espera que sea capaz de captar lo esencial, dejando de lado lo superfluo. Sobre los lenguajes “universales”, los científicos de los siglos XVII y XVIII buscan como unificar una lengua y una escritura, que permita superar las barreras idiomáticas y las tergiversaciones ocasionadas para las diferentes traducciones[10]

Pero tanto teorías, posturas, formulaciones y debates de la Revolución Científica tuvieron un lugar. En primer lugar, en el siglo XVI, no fueron las universidades[11] ni los conventos, serian entonces los talleres, los cuales  configuraron una especie de “laboratorios” de la mecánica, donde se desarrollaron ideas y proyectos de gran nivel, muestra de ello fue Leonardo Da Vinci. Pero en el siglo XVII, sin que la universidad[12] fuera el recinto exclusivo de la ciencia, pues esta aun no enseñaba componentes técnicos o mecánicos, vio un particular desarrollo en especial en los Países Bajos[13] y un poco en Inglaterra, pero estas se vieron permeadas por la censura de carácter religiosa y política, lo cual hacen que el papel protagónico de la universidad se aplace y lo tome la Academia. La Academia aparece como un germen de lo que en el siglo XIX seria el instituto de investigación, pues de forma inicial su propósito no es la difusión, sino el avance del saber y que este se logre por medio del trabajo en “equipo”, guiado por un director. Las academias  se configuraran como microsociedades que actúan en el seno de una sociedad más amplia y articulada (Rossi, 1998, pág. 208), estas se proponían defender y mantener un saber autónomo, alejarse  de la conflictividad entre ciencia y fe y entre ciencia y sociedad, o como desde la guerras religiosas que los filósofos naturales se refugiaban en pequeñas sociedades, tolerantes, donde discutían temas de orden científico y no de política ni de teología (Rossi, 1998, págs. 33-34). Existieron de forma general dos modelos de Academia, la francesa y la de Londres. La primera patrocinada por el Estado[14] pero sin la rigurosidad propia del espíritu de la investigación para la comprensión racional de la naturaleza, que como dice Rossi no se podría desarrollar en el Ancien Régime francés. Y la inglesa, la cual no recibía a portes de la corona, dependía en ese caso de los aportes de sus integrantes y se dedico a la compilación  de “historias” de la mecánica, astronomía, de las profesiones, de la agricultura, navegación, fabricación de paños, tintorerías, etc (Rossi, 1998, pág. 213).  También estaban los casos de la Academia alemana, en especial la promovida por Leibniz, que se proponía  conseguir un avance de la nación y de la lengua alemanas, una profundización de las ciencias, la expansión de la industria y del comercio y la propagación del cristianismo universal a través de la ciencia (Rossi, 1998, pág. 214), en contraposición de lo que Bacon consideraba, debía ser una academia. Finalmente la Revolución Científica se vivió de manera importante en los diálogos epistolares entre diferentes autores desde finales del siglo XVI y también por medio de los periódicos de carácter científicos que aparecen desde la mitad del siglo XVII.
Para finalizar me gustaría concluir ,que de forma indudable lo que llamamos “ciencia” adquirió en aquellos años algunos de los caracteres fundamentales que todavía conserva hoy en día, y que con razón  fueron considerados por los padres fundadores como algo nuevo en la historia del género humano: un artefacto o una empresa colectiva, capaz de crecer sobre sí misma, destinada a conocer el mundo y a intervenir en el mundo. Esa empresa, que desde luego no es inocente, ni nunca ha sido considerada como tal, a diferencia de cuanto ha sucedido con los ideales políticos, las artes, las religiones y las filosofías, se ha convertido en una poderosísima fuerza unificadora del mundo (Rossi, 1998, pág. 18)

El Arte en la ilustración



En esta parte intentare hacer un acercamiento a lo que llego a ser el arte en la ilustración, en especial, la escultura y la pintura. 
La escultura de este periodo se baso en los principios de la antigüedad grecorromana, la cual se quería reimplantar, en forma de rechazo a los artistas barrocos y sus excesos ornamentales, por lo que se impuso la copia de las lógicas de elaboración de estatuas romanas. Para ello, en el caso de España la Corte y la Academia mandaron a sus más aventajados estudiantes y aprendices a Roma con el fin que perfeccionaran el estilo clasicista. Este estilo propiciado por el mecenazgo real con los encargos de los palacios cortesanos, y especialmente en el nuevo Madrid y por la Academia como fundación del Rey (Melero, 1998, pág. 81). Al inicio de este mecenazgo se destacaron los temas mitológicos y se cambiaron el uso de los materiales, se paso de la madera policromada, a la utilización de materiales resistentes al fuego, como el mármol o el bronce y a la utilización de colores planos o no vistosos.
En la tónica del regreso a la antigüedad grecorromana,  el alemán Winckelmann, teórico fundamental del clasicismo al igual que el bohemio Mengs, dieron unas directrices para los artistas de la época, racionalizadas  por medio de un  análisis de esa cultura. De esa esta manera, se considero a la forma como uno de los elementos artísticos esenciales para llegar a lo sublime. Aconsejo a los artistas que dieran importancia  básica al estudio de las proporciones, y les motivó para que se aproximaran a la noble sencillez de los antiguos. Según este arqueólogo, el ideal se halla en el cuerpo humano, que es la encarnación de la belleza espiritual (Melero, 1998). Sobre esta base el cuerpo humano joven será la forma perfecta y por ende será el motivo principal de la escultura, por lo que se le suele dejar sin ropa[15]. Y al dejarse sin ropa[16] el cuerpo se podrá representar e idealizar a las personalidades políticas y culturales de la época al mejor estilo de los dioses del Olimpo. Este fue el caso del veneciano Antonio Canova, que no dudó a la hora de representar escultóricamente a Napoleón en presentarle desnudo, de cuerpo entero, como si se tratase de Marte, el dios de la guerra (Pinacoteca de Breda, Milán, 1809), ni a su hermana Paulina Bonaparte (1808, Galería Borghese) similar a una Venus victoriosa, reclinada semidesnuda en un lecho al modo de la matronas romanas (Melero, 1998). Toca hacer la claridad, que si bien, se idealizaba a estos personajes, eso no significaba que sus rostros no tuvieran rasgos naturalistas que permitieran reconocer de quien se tratara. 
Otra particularidad en la escultura del momento fue la “obsesión” de los escultores por lograr el dominio total sobre la técnica, lo que los llevo a quitarles toda clase de pasiones[17] o de sentimientos mundanos con el fin de lograr el ideal de belleza de la sofrosine[18] griega. Haciendo que los complejos escultóricos se tornen fríos, quietos e insensibles, y esto lo resalta el material utilizado (mármol).
A todo lo anterior se le suma que durante la segunda mitad del siglo XVIII el tema mitológico, junto con la pintura histórica y los retratos, adquirió un auge extraordinario sobre todo en la escultura, pues se le consideraba la expresión máxima del espíritu clásico, lo que hacía que el tema religioso fuera desplazado a un segundo plano y se le da al mito un carácter educativo, pues se emplea de ejemplo ético, además de un ideal de belleza. Esto se evidencia en los múltiples trabajos de Antonio Canova y de Bertel Thorvaldsen (Melero, 1998, pág. 83). [19]
Otro frente donde es visible el clasicismo en la escultura de la ilustración, es la elaboración de los retablos, este jugó un papel importante en la implantación del academicismo clasiscista por ser un lugar artístico encuentro entre las diversas artes. Para él trabajaban no solo los escultores propiamente dichos, sino también los pintores y los arquitectos, así como artistas entonces considerados “menores” y hasta artesanos. De aquí, en parte, su gran interés. Pero, además, durante esta época se construyeron gran cantidad de retablos. Su realización dentro del sistema formal barroco en madera recubierta por paños de oro exigía, asimismo, la inversión de grandes cantidades de dinero, lo cual era considerado como un autentico despilfarro en una época tan racional y comedida como lo fue la ilustración (Melero, 1998, pág. 86). Los materiales utilizados y los materiales con los que se iluminaba, los hacían fáciles víctimas de los incendios, afectando en ocasiones de forma grave las estructuras de las edificaciones.
En el marco de la pintura, las tendencias serán similares. El cuerpo humano será el centro de aprendizaje, Los discípulos debían pasar por tres salas de forma consecutiva: de principios, del yeso y del natural. No se estudiaba el colorido, que se debía aprender en talleres privados en una fase posterior. Era importante conocer de geometría, perspectiva y anatomía antes de empezar a dibujar[20] y finalmente los alumnos se entrenaban en el dibujo de bocas, narices orejas y demás partes de forma rigurosa y clara. En esta fase de la pintura, esta se configuraba como ejemplo de normas para el comportamiento del hombre. Ahora se trata de llamar la atención sobre los valores eternos de la razón, la moral, la disciplina y el orden, de tal forma que los temas elegidos girasen, sobre todo, en torno del heroísmo, al patriotismo y las virtudes en general, como, por ejemplo, la vida hogareña, la piedad, el sacrificio, la sabiduría … (Melero, 1998, pág. 104). Por ello a los artistas se los proporcionaba una formación erudita o en cierto modo “integral”, que en su mayoría lograra contener los conceptos básicos de la matemática, geometría, anatomía, historia y la geografía.
Otra característica fundamental de la pintura de la época, será el predominio de la forma sobre el colorido, que se le sumara al carácter didáctico y ético que debían tener las obras. Los clasicistas le dieron le dieron una función  básica al dibujo, que tenía que ser nítido y perfecto, aun en los detalles más mínimos, y que es dotado de sentido idealista. Todo ello origino una cierta pérdida del carácter pictórico de las obras por parte de artistas significativos, como David y su escuela. Donde el color suele desempeñar el papel de elemento secundario, parecía solo tener un carácter sobrio y arbitrario sobre los cuadros.
Finalmente en este periodo, la pintura histórica, cobra gran importancia, tanto que iguala a la de temática mitológica y en parte a la religiosa, también se inicia la revalorización del paisaje, siempre y cuando esté vinculado con la figura humana. Normalmente el pintor neoclásico congela el hecho histórico y hace inamovible la historia. No la comenta de un modo retorico. Casi se limita a elegir el momento, o la anécdota, adecuado a la finalidad ética que desea expresar y en la búsqueda de la imparcialidad se convierte en un testigo poco más que mudo del uso del lenguaje pictórico de gran naturalismo, simple, claro, sobrio y objetivo. No obstante, suele haber intencionalidad política, consciente o subconsciente, en la elección del tema que se adapta y se matiza según evoluciona la situación general de cada momento (Melero, 1998, pág. 107).










Bibliografía

Goff, J. L. (1998). Prologo. En P. Rossi, El nacimiento de la ciencia moderna en Europa. Crítica.
Hauser, A. (1980). Historia social de la literatura y del arte (Vol. II). Barcelona: Punto omega .
Melero, J. E. (1998). Arte español de la ilustración y del siglo XIX. En torno a la imagen del pasado. Madrid: Ediciones Encuentro.
Rossi, P. (1998). El nacimiento de la ciencia moderna en Europa. Barcelona: Crítica.
Rossi, P. (1990). Las arañas y las hormigas, una apología de la historia de la ciencia. Barcelona: Editorial crítica.
Serres, M. (1991). Cronología. En M. Serres, Historia de las ciencias (págs. 599-638). Madrid: Catedra Teorema.
Stengers, I. (1989). Los episodeos galileanos. En M. Serres, Historia de las ciencias. Madrid: Catedra teorema.





[1] Profesor de historia de la filosofía en la Universidad de Florencia. Su obra está dedicada fundamentalmente a la historia de la ciencia.
[2] Dentro de los mecánicos y los filósofos naturales se guardaran secretos, pero con motivos de orden económico, se trata de las patentes.
[3] Las actividades técnicas o mecánicas son contrarias a las artes liberales (gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, música y astronomía), las cuales son propias de hombres libres. También se verá esta disputa en la medicina, entre teóricos y cirujanos.
[4] En el siglo XVI se efectuaron 35.000 ediciones de 10-15.000 textos diferentes y se pusieron en circulación por lo menos 20 millones de ejemplares. A lo largo del siglo XVII había 200 millones de ejemplares en circulación(Febvre y Martin, 1958: 396-397, citado por Rossi)
[5] Novum Organum de Bacon, Nova de universis philosophia de Franceso Patrizi, De mundo nostro sublunari philosophia nova de William Gilbert, Astronomia nova de Kepler, Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias de Galileo y Novo teatro di macchine de Vittorio Zonca. (Thorndike, 1971, citado por Rossi, 1998)
[6] La imagen del mundo como un reloj destruye la imagen tradicional del mundo como una especie de pirámide, que tiene en su base las cosas menos nobles y en la parte superior las más próximas a Dios (Rossi, 1998, pág. 138) y es propia de la filosofía mecánica que sostiene que  explicar un fenómeno quiere decir construir un modelo mecánico que sustituya el  que quiera analizar.
[7] Y sus siete afirmaciones que cambiaron la astronomía. (Rossi, 1998, pág. 68)
[8] En (Rossi, 1998, págs. 218-219-220)
[9] Disciplina que se ocupa de las clasificaciones botánicas y zoológicas y las agrupa en raza, especie, género, familia. orden, clase, tipo, phyum y reino.
[10] Los siete principios de este “lenguaje filosófico” (Rossi, 1998, págs. 190-191)
[11] Los estudios presentes en la universidades del siglo XVI, serian derecho, medicina y en menor grado teología (Rossi, 1998, pág. 205), mostrando la ya señala disputa entre artes liberales y técnica o mecánica.
[12] Pese a que la Universidad del siglo XVII no aplicaba en su mayoría la mecánica o la técnica, en su mayoría contaban ya con huertas y aulas de anatomía. (Rossi, 1998, pág. 58)
[13] En este caso Guillermo de Orange comprendió que la creación de un sistema de enseñanza superior era uno de los medios necesarios para la consecución de unidad nacional (Rossi, 1998, pág. 206), esto solo fue emulado en su forma particular por el Estado francés, pero con la Academia.
[14] Primer centro científico patrocinado por el Estado, pues le interesaba la ampliación y la expansión planificada de la industria, el comercio, la navegación y la técnica militar (Rossi, 1998, pág. 211)
[15] El desnudo desprovisto tanto de connotaciones eróticas, como de imperfecciones mínimas. (Melero, 1998, pág. 82)
[16] La anatomía será una ciencia auxiliar del arte.
[17] Solo admitiendo un leve muestra de melancolía.
[18] Es la moderación, el equilibrio entre cuerpo y alma.
[19] Haciendo la claridad, que el artista se ubicaba en un antagonismo formal e iconográfico por el doble mecenazgo, pues cortesanos e iglesia hacían pedidos.
[20] De aquí la importancia de la sala de principios, que en los institutos era compartida con artistas y artesanos. (Melero, 1998, pág. 103)

Simón Gaviria reconoce que 'leyó por encima' conciliación de la reforma.

Documental inédito de Roméo Langlois


21 jun 2012

La muerte para acallar la memoria: las violencias en Colombia




Wilson R. Pabón Q.


Introducción

Uno de los aspectos de Colombia es su convulsionada historia que nos presenta un panorama de muerte y desolación. Los diversos conflictos políticos, económicos o sociales han dejado un sinnúmero de víctimas, algunas reseñadas día a día en la prensa y en los noticieros televisados, al igual que una herencia de odios y venganzas de sangre. Pero no solamente es el elevado número de muertos lo que más impresiona de esta particular historia de violencia, es sobre todo la manera como éstos han sido tratados por sus victimarios, quienes no conformes con ver el cuerpo sin vida, le practican diversos tratamientos macabros, que lo dejan casi irreconocible. Para la población rural y urbana, se ha convertido en una costumbre el levantarse diariamente y encontrar arrojados a peñascos, ríos y carreteras, los cuerpos sin vida de las víctimas de la violencia, muchas veces mutilados, otras decapitados, o inclusive incinerados, como efecto de impulsos de muerte o de sentimientos de odio. Esta es una de las peculiaridades de los conflictos colombianos, que algunas veces se presenta como una simple degradación de la guerra, pero que indudablemente es vista como un caso especial de la relación víctima-victimario, lo que parece ser una constante durante todo el siglo XX, principalmente en su segunda mitad. Asimismo, muchos de estos actos, buscan o han generado, procesos de silenciamiento en cuanto a la recuperación de la memoria individual o colectiva en muchas regiones del país.

La Memoria

Cuando el general Patton, al lado de su ejército, en su avanzada en contra del nacional-socialismo alemán al final de la Segunda Guerra Mundial, encontró los campos de exterminio, horrorizado por lo que era capaz de hacer el hombre, se ideó la manera de hacerlo conocer al mundo. El poeta y filosofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana en 1906 había acuñado la frase: “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”, que luego se adaptó a la conocida: “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”[1]. Ésta se encuentra escrita en inglés y polaco a la entrada del bloque número 4 del Campo de Concentración de Auschwitz en Polonia, le recuerda a la humanidad lo que sucedió durante los años de la limpieza étnica en Europa, y sirvió de referente para intentar no cometer los mismos errores del pasado. El conocimiento de la historia no exime de la repetición en el futuro, esta ciencia no es futurista ni pretende serlo, pero si ayuda a saber que nuestro presente continuo está marcado por el pasado, y que su comprensión nos ayudaría a tomar decisiones más acertadas, en vías de no repetir errores anteriores.

Se debe partir de la diferencia que existe entre historia y memoria, la primera entendida como el conjunto de hechos demostrables a través de una investigación; y la segunda como aquello que le permite al hombre recordar lo sucedido anteriormente, y a los grupos humanos construir un pasado real o imaginado, pero que se convierte en valorado y respetado por quienes hacen parte de esa comunidad[2]. Además, “La memoria histórica se construye a través de las relaciones y prácticas sociales, y por lo tanto está definida por los significados compartidos en el marco de un proceso histórico”[3]. Es, entonces, una representación de las prácticas sociales que busca recordar algo específico, que se convierte en común y que busca, fundamentalmente, si fue negativo tenerlo presente para evitar su repetición.

Para el caso colombiano, inmerso en una espiral de violencia desde los años cuarenta, es particularmente necesaria la recuperación de la memoria, puesto que ésta se basa en favorecer a las víctimas y en permitir igualmente la reconciliación y la reparación. La construcción de la historia a través de la memoria ayuda además a evitar el olvido que conduce a la impunidad; en relación con este tema, el Grupo de trabajo pro reparación integral señala que: “Cuando una sociedad afectada por la violencia y la guerra hace memoria, se pueden producir acciones simbólicas y culturales que permitan a las víctimas y a toda la comunidad, reconocer y enfrentar las pérdidas con el fin de elaborarlas. Para superar el olvido y la impunidad, es necesaria la organización y la participación de la comunidad en la reconstrucción de los hechos históricos. En este proceso las víctimas cumplen un papel fundamental a través de diferentes actividades encaminadas, por una parte, a difundir los diferentes relatos y versiones sobre los sucesos violentos, y por otra, a promover la participación colectiva para afrontar los hechos y buscar caminos alternativos de vida digna. Esto permite ampliar el contenido de la memoria colectiva, logrando un acercamiento a la verdad histórica”[4].

Igualmente, el grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación ha dedicado sus esfuerzos a la legitimación de las víctimas, buscando conocer también “las razones para el surgimiento y la evolución de los grupos armados ilegales” según lo contemplado en la Ley 975 de 2005, dando preferencia a las voces de las víctimas que han sido suprimidas o silenciadas. En suma “Memoria Histórica quiere ser un espacio para el reconocimiento, la dignificación y la palabra de las víctimas de la violencia en Colombia”[5].

En este sentido, con la memoria se busca dar lugar a las víctimas en cuanto a su participación dentro de la historia, lo mismo que generar procesos que permitan aportar a la verdad integral en cuanto a los diversos conflictos armados que han azotado el país. De esta manera nos permitimos los siguientes interrogantes: ¿qué ocurre con aquellos a quienes la misma violencia no les ha permitido dar testimonio en cuanto a los diversos conflictos?, ¿es cierto que durante las violencias en Colombia, en donde se ha hecho presente igualmente la violencia instrumental, se ha generado un silencio que se evidencia en algunas comunidades o individuos a lo largo y ancho del país?, ¿se puede afirmar que las violencias han sido silenciadores de posibles procesos de recuperación de memoria?

Las violencias en Colombia

Desde los años ochenta los investigadores sociales preocupados por los conflictos vividos en el país comenzaron a especializarse en el tema, hasta el punto que se les denominó “violentólogos”. Estos, al mismo tiempo, plantearon la idea de una separación entre los diversos momentos de violencia en Colombia y postularon la necesidad de hablar ahora de “violencias”, haciendo una separación con la gran violencia de los cincuenta, que ahora se escribiría con mayúsculas[6]. El período llamado de La Violencia, algunos estudiosos lo delimitan desde 1946, prolongándose hasta 1965 aproximadamente. La magnitud de los hechos que se vivieron en ese período contribuyó a personificarlos hasta el punto de que, como advierte Carlos Miguel Ortiz, las gentes comenzaron a hablar de La Violencia como un Gran Sujeto Histórico, al que atribuían una acción casi demoníaca[7].

Durante estos años, a partir de la llegada de Mariano Ospina Pérez a la presidencia de la República, los conservadores se pusieron en la tarea de buscar, a cualquier precio, mantenerse al mando de un estado que les había sido arrebatado hacía 16 años por el bando contrario. Luego de El Bogotazo, y de algunas expresiones violentas de parte de los liberales por la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, el gobierno del partido azul decidió organizar una policía única que sirviera a sus intereses de “conservatizar” la nación bajo una política de “a sangre y fuego”, reclutando grupos de civiles conservadores para que actuaran al lado de la policía –totalmente conservatizada–, quienes terminaron llevando el terror a todos los rincones del país. De otro lado, los liberales se vieron en la necesidad de organizarse en guerrillas, no sólo para su defensa sino también para tratar de recuperar el lugar que, para ellos, le correspondía a su partido[8]. A estos grupos en pugna se les sumaron los asesinos a sueldo, llamados “pájaros”, quienes en un principio fueron contratados por los conservadores, pero que terminaron trabajando para el mejor postor sin importar su condición política[9]. Estos individuos terminaron convirtiéndose en embajadores de la muerte, quienes, simplemente con el hecho de pronunciar su nombre o sobrenombre, hacían erizar la piel de cualquiera, tanto por el elevado número de muertes que habían cometido, como también y principalmente, por los juegos que practicaban con los cuerpos de sus víctimas, que les sirvió incluso como identificador.

Durante estos años, dentro de la información que portaban las cédulas de ciudadanía se reseñaba la filiación política de cada individuo, lo que facilitaba su reconocimiento. Las tropas del ejército y la policía, acompañadas de algunos civiles armados, realizaban visitas esporádicas a las veredas reconocidas como liberales en varios municipios, o colocaban retenes en las carreteras demandando por los papeles de cada persona. Luego de ser identificados como liberales los conducían a las cárceles, algunos eran torturados y, hacia la media noche, sacados y transportados en las volquetas municipales hacia diversos lugares que, con el tiempo, se hicieron famosos, porque era allí donde muchos habían sido fusilados y luego arrojados a ríos o peñascos[10].

Con la expresión “No dejar ni la semilla” se muestran claramente los intereses de los representantes del Partido Conservador al ejercer actos de sadismo contra los hijos y las esposas de los liberales. Así, cayeron asesinados varios niños, muchas mujeres fueron violadas, y a las que estaban embarazadas les abrían el vientre y les intercambiaban sus bebés por gallinas, como en Virginias (Antioquia) y en Colombia (Huila)[11]. O simplemente asesinadas como en Aguaclara (departamento de Casanare) donde, al enterrar sus bayonetas en los vientres de sus víctimas en cinta, los soldados gritaban: “Si tienen hijos adentro que mueran también.”[12]

El fuego fue utilizado igualmente como elemento devastador durante este conflicto bipartidista. Las arremetidas conservadoras a poblados o veredas liberales dejaron territorios calcinados donde antes habían existido ranchos y cultivos[13]. Los cuerpos de muchas personas se convirtieron en cenizas durante los excesos de sadismo de esta época fatídica, como en una vereda del desaparecido municipio de Armero en 1952, cuando el sargento primero Mira, del Batallón Tolima, ordena: “encerrar más de sesenta personas en una casa. Nadie puede escapar. La policía establece en contorno un círculo de muerte. Ya por la noche da la orden de fuego sobre la habitación y en seguida manda que la rocíen de petróleo y la incendien. Entre los gritos más espantables, todo arde. El maderamen del techo se desploma al fin; nada se oye. El caserón es una inmensa pira fétida a carne humana calcinada.”[14]

Al mismo tiempo, Colombia, es un país que en su tradición cultural y económica ha vivido en una estrecha relación con los ríos. Sin embargo, desde este período, aquellos se convirtieron en uno de los lugares a donde fueron a parar los cadáveres de víctimas de la confrontación bipartidista, de las políticas de Estado y del fanatismo político. Entre otros, sobre el departamento del Valle del Cauca encontramos el siguiente relato: “Más de cuarenta personas aparecieron con la lengua cortada, sin ojos, y arrojados al [río] Bugalagrande con el vientre abierto para que no flotaran.”[15] Y sobre el río Magdalena, el más importante del país, abundan los relatos[16]. Es como si en los años cincuenta los ríos hubieran dejado de llevar agua en sus cauces, y prácticamente condujeron sangre y una maraña de cuerpos sin movimiento, que no dejaban entrever ningún asomo de agua. Las aguas se tiñeron de sangre.

La Violencia dejó una huella marcada de dolor y odio en la mente de las personas que vivieron este periodo de violencia sin precedentes, al igual que varias herencias, como los conflictos que dieron origen a los diversos grupos que aún hoy siguen enfrentados. Así pues, las formas de deshacerse del enemigo, de causarle un mayor dolor, o más aún de jugar con su cuerpo, fueron transmitidas de generación en generación como una herencia macabra. Por esta razón, durante los últimos cincuenta años y en la actualidad, los victimarios utilizaron y utilizan, de manera recurrente, los mismos u otros estilos “particulares” de asesinar a sus enemigos.

Buscando un fin a este conflicto el país entraría en los años del Frente Nacional (1958-1974), aquí la violencia se manifestó de manera selectiva de parte de los grupos de extrema derecha, fueran liberales y conservadores, en contra de los representantes del comunismo y de los movimientos populares. Esta violencia frentenacionalista tuvo su principal campo de acción en la región del Sumapaz (antiguo bastión del comunismo y de movimientos campesinos). Tal fue el caso de Antonio Vargas Roa, hacendado y jefe liberal de la región del Sumapaz, quien tuvo su centro de acción principalmente en los municipios de Pandi e Icononzo, y participó en la matanza de varias personas, bajo la premisa de una política de “limpieza” de la región en contra de los grupos comunistas, de dirigentes sociales y de liberales “comunes”. Muchas de sus víctimas terminaron flotando en las aguas del río Sumapaz y sus cuerpos encontrados luego de varios días, con señales de tortura y en estado de descomposición, atascados en las piedras de La Azufrada, sitio turístico muy pedregoso donde se detenían los cadáveres arrojados desde el Puente Natural de Pandi[17].

Colombia ha pasado treinta y siete de los últimos cincuenta años bajo un estado de urgencia decretado por el Estado, lo que ha permitido que algunas garantías constitucionales hayan sido ignoradas[18]. Las Fuerzas Militares fueron dotadas de poderes excepcionales, bajo la premisa del mantenimiento del orden, lo que han facilitado varias violaciones a los Derechos del Hombre. Fue de esta manera como, entre 1978 y 1992, más de 1500 personas fueron dadas como “desaparecidas” luego de ser detenidas por la policía o los militares, y luego hallados sus cuerpos, con señales de tortura, al lado de las carreteras o a las orillas de los ríos[19].

Los guerrilleros, por su parte, han utilizado las fosas comunes para enterrar a sus víctimas, dentro del lenguaje del guerrillero, se volvió común el “pinchar” el cadáver, lo que significa abrirle el vientre antes de enterrarlo, porque puede estallar y hacer que se levante la tierra, con lo cual se descubrirían estos macabros enterramientos[20].

Durante las últimas décadas, los paramilitares han sido los principales generadores de silencio. Entre sus acciones se destacan las de Trujillo (Valle del Cauca) entre 1989 y 1991[21], en las que varios hombres vestidos de civil y militares, algunos encapuchados, con lista en mano, se pasearon por algunos corregimientos de Riofrío y Trujillo, preguntando por distintas personas, detectaron a diez y las llevaron con rumbo desconocido; un testigo señaló que los retuvieron en una bodega, les exigieron sus documentos de identidad y pertenencias, los relacionaron por escrito y luego les vendaron los ojos y los sacaron de uno en uno, fueron descuartizados a motosierra, “sus cabezas y troncos depositados en costales diferentes, y la noche del 1 de abril una volqueta Ford azul 56 llevó los cadáveres hasta el río Cauca, en donde fueron arrojados.”[22]

Uno de los hechos que más trascendencia tuvo en la región fue el homicidio del párroco y la desaparición de sus acompañantes, al ser acusado de colaborador de la guerrilla. “El cadáver decapitado y mutilado del padre Tiberio Fernández Mafla fue encontrado el 23 de abril en un sacadero de arena denominado ‘Remolino’, a orillas del río Cauca... Quienes le acompañaban siguen desaparecidos.”[23] Su tumba fue posteriormente profanada por desconocidos, lo que evidencia la búsqueda del silenciamiento de los hechos cometidos por los paramilitares y el ejército en Trujillo, lo mismo que el incendio del parque monumento, erigido en nombre de las víctimas[24].

La violencia se ha evidenciado igualmente en las ciudades y varias regiones a través de la denominada “limpieza social”. Los pequeños delincuentes, los mal llamados “desechables” y las prostitutas, son llevados por los vehículos “fantasma” y arrojados muertos al lado de las carreteras o en un botadero municipal, con un mensaje en su cuerpo en el cual se reivindica la razón de su muerte y firmado con el seudónimo de sus asesinos. A veces estos son “fumigados” por las camionetas negras en movimiento. En este caso la noción de “fumigar” de los paramilitares, se adapta al medio urbano y es utilizada por los grupos de “Limpieza Social”, con un significado muy similar; las metralletas y pistolas se convierten en “pesticidas” ante las “plagas” que, según ellos, no permiten una vida tranquila en las ciudades[25]. La noción de “desechable” muestra hasta qué punto la sociedad colombiana ha llegado a despersonalizar y rechazar ciertos grupos de individuos, tratándolos ahora como “cosas” de las cuales es necesario deshacerse lo más pronto posible, y no precisamente como seres humanos; y en el caso de la violencia urbana, ¿quienes más apropiados que aquellos que viven en la calle, que no van a ser llorados por nadie y que ciertamente terminarán en una fosa común algún día? Este proceso tiene también ciertas repercusiones dentro del conflicto actual que azota al país, y es la justificación que tienen los diversos victimarios para hacer uso de la violencia, asesinando o eliminando a ciertas personas, señalándolos como “objetivos militares” o como “elementos perturbadores”.

Reinterpretación de la historia a través de la violencia

Los varios actores de las violencias han buscando, entre otras consideraciones, igualmente reinterpretar la historia de varias regiones, a través de acciones violentas que buscan borrar un pasado de abandono del estado o de presencia de algún otro grupo, por una nueva memoria colectiva generada por aquellos que tomaron en sus manos el poder por las armas. Para este caso nos basaremos en la experiencia del actor Daniel Rocha en el corregimiento de Libertad (Sucre), quien en su trabajo con la comunidad evidenció las trazas de lo que es un fenómeno recurrente en el país.

Con su experiencia de Teatro Foro, el actor Rocha buscó durante el 2008, que la población de Libertad “pudieran conocer sus derechos sobre la verdad, la justicia y la reparación, así como los procesos y mecanismos de acceso vigentes. A través de la metodología del teatro foro, que asegura la integración entre artistas y miembros de la comunidad, se buscó impactar creativamente en la manera como las personas afectadas por el conflicto armado perciben el pasado, la relación actual con su entorno y el orden social deseado y posible”[26].

Desde 1998 aparecen en la zona algunos paramilitares comandados por alias “El Oso”, “oriundo de Córdoba y perteneciente al grupo del paramilitar alias ‘Cadena’. Él y aproximadamente 20 hombres más se instalan en Libertad durante 7 años. Desde que ingresa y a través de su relación con la ‘paraca’, mujer nativa de Libertad, se produce el cobro de los primeros catastros ilegales, cobro de multas por acusaciones sobre riñas y conflictos entre los habitantes, trabajos forzados a las personas que no tuvieran con que pagar las multas o los impuestos ilegales, robo de propiedades y activos a la población, palizas, castigos públicos y tratos humillantes”[27]. Además de los excesos de este grupo, los integrantes de la experiencia de teatro foro, financiado por la CNRR, encontraron cómo entre el 2000 y 2001 los paramilitares decidieron cambiar la historia del municipio. De esta manera, obligaron a todos los pobladores a quemar las fotografías que les recordaban el antes de su llegada: fotos de matrimonios, bautizos, fiestas familiares y demás fueron pasadas por el fuego. Esto generó que al dialogar con la gente de Libertad, por más que la historia del corregimiento comienza hacia finales del siglo XIX, solamente se recordaba el momento de la llegada de “El Oso” y su gente, como si solamente su memoria comenzara en el 2001.

El desmembrar los cadáveres, el incinerarlos o arrojarlos a los ríos, puede tener varias significaciones: a través de estas formas de tratar el cuerpo muerto, los victimarios pueden hacer llegar un mensaje de muerte a sus seguidores para hacerlos permanecer en sus filas, y a sus contradictores para infundirles temor. Estas acciones pueden igualmente facilitar la desaparición del cadáver, lo que pretendería simplemente la posibilidad del entorpecimiento de la investigación judicial y a la postre la impunidad, y lo que es peor, se causa un mayor dolor a los familiares o allegados de la víctima.

El hombre violento y la violencia expresiva

Varios investigadores se han preguntado sobre el carácter violento del hombre, algunos de ellos han llegado a la conclusión de que se encuentra inmerso dentro de su universo individual y colectivo y que, además, puede llegar a servir de elemento socializante y necesario para desarrollarse como ser integral. Uno de los principales representantes de esta corriente es el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien de sus reflexiones sobre el tema de la guerra, concluyó: “aunque parezca paradójico la guerra bien podía ser un recurso apropiado para establecer la anhelada paz eterna.”[28] Las reflexiones de Freud se dirigían a que el hombre posee un instinto natural de la muerte. De otro lado, Konrad Lorenz, etólogo, relaciona más este impulso con la animalidad, hablando así del instinto de supervivencia que el hombre posee como un animal como cualquier otro[29].

Algunos autores dicen que la violencia hace parte de las expresiones individuales dentro de la acción colectiva (Tilly); que el monopolio de la violencia legítima lo tiene el estado y es él quien la ejerce y la debe controlar, donde hay violencia no hay un verdadero control estatal (Weber); que toda cultura tolera un cierto tipo de violencia, algunas conductas violentas son legítimas para la sociedad (Haltung); o que la violencia es lo contrario del conflicto, es la ruptura completa, la separación, la violencia cierra toda posibilidad de conflicto (Wieviorka)[30], por esta razón es necesario diferenciar entre conflicto y lo que se ha definido como “violencia expresiva”, de la cual trata el presente estudio.

Parsons fue el primero en trabajar las nociones de acción instrumental y acción expresiva dentro de las discusiones sobre la violencia. La primera tiene como características: un punto de vista discursivo, asociado a un pensamiento claro, una doctrina o una ideología, y una organización metódica conforme a la búsqueda de un fin concreto. Por el contrario la segunda: llega a ser irracional, busca expresarse de cualquier manera, es inestable, y se puede producir rápidamente[31]. En algunos casos la violencia instrumental puede combinarse con la expresiva, tal es el caso de la violencia política en Colombia, organizada y dirigida por el estado desde los años cuarenta o por la guerrilla a partir de los sesenta, los paramilitares desde los ochenta y que, sin embargo, ha terminado por convertirse en una violencia desbordada en el campo y la ciudad, que mezcla intereses, odios y venganzas y, en donde muchas veces no se puede identificar alguna justificación lógica.

Para comprender la violencia expresiva nos serviremos de la noción de “Sumisión a la autoridad” de Stanley Milgram quien, dentro de sus investigaciones sobre la violencia, le encargó a cierto número de sus estudiantes que les aplicaran choques eléctricos a un grupo de sus compañeros. En realidad, no había corriente eléctrica; pero las víctimas, que habían sido advertidas secretamente, debían lanzar gritos cada vez más horribles a medida que la intensidad de la corriente aumentaba, hasta llegar al desmayo. Obedeciendo incondicionalmente a su maestro, los estudiantes, haciendo las veces de verdugos, llegaron hasta el final de la última orden que se les dio[32]. Muchos de los victimarios en Colombia han justificado sus acciones como consecuencia de las órdenes impartidas por sus superiores, lo que nos haría pensar que estos actos podrían ser planeados y buscarían precisamente un fin concreto que, en algunos casos, se referirían a acallar poblaciones.

Conclusión

En primer lugar, los aportes que nos entregan los estudios históricos, antropológicos o sociológicos sobre lo que se ha denominado la “violencia expresiva”, nos proporcionan únicamente los elementos para comprender diferentes fenómenos de violencia e intentar hacer un análisis del caso colombiano. Así, planteamos la idea de que la muerte ha sido utilizada para silenciar procesos de memoria, pero ¿la lógica de la guerra en Colombia ha incluido igualmente como objetivo de algunos de sus actores el acallar la memoria a través de la violencia?

El vivir en una sociedad como la colombiana, que parece acostumbrada a encontrar diariamente en la prensa y en los noticieros los anuncios de cuerpos sin vida, muchas veces incinerados y otras mutilados, recuperados de los ríos o de las fosas comunes clandestinas, realizadas con el propósito de desparecerlos, hace que no sea fácil escribir sobre este fenómeno. Tanto para el lector como para mí, no ha sido agradable conocer que actos tan monstruosos puedan ser cometidos por ser humano alguno. Sin embargo, es necesario investigar sobre estos hechos, para que no sólo queden como un mal recuerdo para los familiares de las víctimas y para el conjunto de la sociedad, sino para intentar buscar más que una solución, una explicación al problema de la violencia y la muerte en Colombia.


[1] George Santayana, La vida de la razón: o, fases del progreso humano, Buenos Aires: Editorial Nova, 1958, vol. 1, p. 54.
[2] Esta definición se atribuye al historiador francés Pierre Nora, su texto se encuentra en: Jacques Le Goff, Hacer la historia, Barcelona: Editorial Laia, 1985.
[3] Grupo de trabajo pro reparación integral, “La dimensión simbólica y cultural de la reparación integral”, en: Voces de memoria e identidad. Material pedagógico sobre reparación integral, Bogotá, abril 2006, p. 17.
[4] Grupo de trabajo pro reparación integral, “La dimensión simbólica y cultural de la reparación integral”, op. cit., p. 20.
[5] Ver: http://www.memoriahistorica-cnrr.org.co/s-quienes/sub-quees/
[6] “Ya no se puede hablar de una única violencia, o de dos en un mismo par dialéctico: Estado versus ciudadano, clase dominante versus clase dominada, fuerzas retardatarias versus fuerzas progresistas. Ya no se puede hablar unívocamente de ‘La Violencia’, sino de muchas violencias entre cruzadas. Ya se des-sacraliza la ‘violencia política’ para dirigir la mirada a la dispersión de violencias banales que requieren también ser historizadas, ser inscritas en los procesos históricos. Ya se examina, en la violencia política misma, una cantidad de planos que escapan a la inteligibilidad de lo meramente político.” Carlos Miguel Ortiz Sarmiento, “Historiografía de la violencia”, en: Bernardo Tovar Zambrano (comp.), La historia al final del milenio: ensayos de historiografía colombiana y latinoamericana. Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Historia, 1994, p. 421.
[7] “Comencemos con los usos y significaciones del término mismo, La Violencia, como término denotativo de la conmoción social y política que sacudió al país de 1945 a 1965 y que dejó una cifra de muertos cuyos cálculos oscilan entre los cien mil y los trescientos mil, plantea de por sí numerosos problemas y deja abierto el campo a las ambigüedades. En efecto, a veces con el término Violencia se pretende simplemente describir o sugerir la inusitada dosis de barbarie que asumió la contienda; otras veces se apunta al conjunto no coherente de procesos que la caracterizan: esa mezcla de anarquía, de insurgencia campesina y de terror oficial en la cual sería inútil tratar de establecer cuál de sus componentes juega el papel dominante; y finalmente, en la mayoría de los casos, en el lenguaje oficial, el vocablo cumple una función ideológica particular: ocultar el contenido social o los efectos de clase de la crisis política. Esto para no hablar del uso, o de los usos del término por parte de los habitantes comunes y corrientes que padecieron sus efectos. Los campesinos de los Llanos Orientales, por ejemplo, que pudieron dar una respuesta organizada y consistente, caracterizaban los acontecimientos más a partir de ‘su’ movimiento que de la acción gubernamental, y se referían a aquel como ‘la Revolución’ ; en cambio, los del interior del país, en la zona cafetera, mucho más fragmentados en su reacción y con un profundo sentimiento de impotencia, le asignan a la violencia el carácter de un Gran Sujeto Histórico trascendente, exterior a los actores del conflicto, y que como tal, según lo señala un estudio de Carlos Ortiz, permite personalizar las responsabilidades. El fatalismo de expresiones tales como ‘La Violencia me mató la familia...’, ‘La Violencia me quitó la tierra’ parecen sugerir la resignada aceptación de los efectos de un proceso social y político como si se tratara simplemente de un orden natural (¿o gubernamental?) de las cosas. De hecho, por este camino se abrieron paso ciertas formas de mesianismo en antiguas zonas de violencia.” Gonzalo Sánchez, “Los estudios sobre la Violencia. Balances y perspectivas”, en: Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda (compiladores), Pasado y presente de la violencia en Colombia, 2a ed., Bogotá: Fondo Editorial CEREC, 1991, p. 22.
[8] “En esta realidad [de violencia] ya cotidiana el pueblo que como siempre puso los muertos, solo esperaba la noticia de que la guerra de nuevo había comenzado. Preparaba su vida para vivar a su partido y a su bandera y se aprestaba a la lucha para buscar por supuestos fines nobles, su propia muerte. Las guerras civiles se resumieron en una década, con toda la herencia que es capaz de acumular una nación en más de un siglo.” Arturo Alape, La paz, la violencia: testigos de excepción, 2a ed., Bogotá, Editorial Planeta, 1985, p. 23.
[9] “Durante la violencia de los años cincuenta los dos partidos tradicionales patrocinaron la formación de fuerzas de choque para liquidar a miembros del partido opuesto y el experimento terminó en la generalización del bandidismo social y las venganzas de sangre, que afectaron a buena parte de las regiones minifundistas de las vertientes cordilleranas del interior del país.” Alejandro Reyes Posada, “Paramilitares en Colombia: Contexto, aliados y consecuencias”, en: Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda, Pasado y presente de la violencia en Colombia, op. cit., p. 427.
[10] Carlos Miguel Ortiz Sarmiento, La Violence en Colombie. Racines historiques et sociales, París : L’Harmattan, 1990, p. 114-115.
[11] Germán Guzmán, La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, Bogotá: Tercer Mundo, 1964, p. 227.
[12] Guzmán, La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, op. cit., p. 75.
[13] Arturo Alape nos relata la forma en que desapareció del mapa de Colombia una vereda, a causa del fuego, durante el período de La Violencia: “A un extremo de la cañada del río Sulamilla, que más abajo se convierte en el Zulia, están ubicados Cucutilla y Arboledas. Entre los dos y a los lados opuestos, están las veredas de Román (liberal) y San José de la Montaña (conservadora). Varios puentes las comunican. Y el periodista de ‘Semana’ vió desde el avión, las ruinas y la desolación en que quedó la vereda de Román; los ranchos consumidos, lo mismo que las sementeras arrasadas por el fuego devastador. Los vestigios de la vida animal y vegetal desaparecidos por el soplo mágico de los incendios. Las aves se fueron como los hombres, y desaparecieron las flores al acabarse el verdor de la naturaleza. Entre cenizas quedó todo calcinado, como para recoger los recuerdos a manos abiertas y soplados al viento. Todo lo consumió el incendio y muchas de las gentes de Román, vivieron los últimos momentos de sus vidas, a tres fuegos: de Cucutilla, de Arboledas, de San José de la Montaña y de loma a loma, recibieron los disparos y sus cuerpos rodaron en busca de las corrientes del Sulamilla.” Arturo Alape, El Bogotazo, memorias del olvido, 10a. ed., Bogotá: Planeta, 1987, p. 94.
[14] Germán Guzmán, La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, op. cit., p. 235.
[15] Darío Betancur y Martha L. García, Matones y cuadrilleros: origen y evolución de la violencia en el occidente colombiano 1946-1965, Bogotá: Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Colombia, Tercer Mundo, 1991, p. 78.
[16] Entre otros, citaremos uno de Carlos Medina sobre Puerto Boyacá, durante los años del gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957): “Ya con Rojas tuvimos una Guerrilla Oficial... el Ejército encarcelaba personal sindicado, tal vez de alguna cosa, pero no se le seguía un proceso, no, eran tipos que los llevaban a la cárcel... los torturaban... los hacían aguantar hambre y después los mataban y los tiraban al río... en Puerto Nariño era el campamento, era el comando y ahí llegaron a tener 45 o 50 hombres amarrados uno con otro y los ponían por la parte que estaba dando al sol, el que tenía una necesidad fisiológica lo llevaban a un sanitario guardiado y los traían muchas veces sin hacer la necesidad y de esa gente no entregaron uno, todos los fueron eliminando poco a poco y los tiraban al río en Puerto Nariño. Aquí [Puerto Boyacá] tenían una cárcel, un calabozo, una caja que le llamaban la ‘Caja Amarilla’, era un calabozo totalmente metálico, ahí encerraban a la gente y la torturaban... lo que más me acuerdo, era que tenían 40 o 50 hombres ahí, para todo, para hacer sus necesidades, todo ahí, y de ahí los iban sacando y los llevaban a unos tanques que hay acá arriba [los tanques de agua actualmente], tarde de la noche los mataban y los tiraban al Magdalena.” Entrevista con Rubén Múnera, agricultor, septiembre de 1986. Carlos Medina Gallego, Autodefensas, paramilitares y narcotráfico en Colombia. Origen, desarrollo y consolidación. El caso “Puerto Boyacá”, Bogotá: Editorial Documentos Periodísticos, 1990, p. 126.
[17] Ver: “Un liberal y hacendado en Pandi”. En: Wilson Rigoberto Pabón Quintero, La violencia y los ríos. El Puente Natural de Pandi, Monografía de grado, Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá: 1999, p. 64-70.
[18] Amnesty International, Colombie: Le vrai visage de la terreur, París: Editions Francophones d'Amnesty International, 1994, p. 39.
[19] Amnesty International, Colombie, Arrêtez les Massacres!, París: Editions Francophones d'Amnesty International, 1994, p. 18.
[20] Johny, En el infierno, Bogotá: Ediciones de Hugo Mantilla, 1995, p. 52.
[21] “Entre el 29 de marzo y el 23 de abril de 1990, es decir, desde la emboscada a una patrulla del Ejército Nacional por una columna guerrillera del Ejército Nacional de Liberación – ELN –, hasta el día en que fue rescatado el cadáver del sacerdote Tiberio Fernández en las riveras del río Cauca. [Desde el paro cívico del 29 de abril de 1989] Las muertes, las torturas y desapariciones forzadas se convirtieron en insucesos de común ocurrencia en Trujillo. [...] La acción indiscriminada de los ‘escuadrones de la muerte’, de los grupos paramilitares, narcotraficantes y de ‘limpieza social’, se tradujo en la desaparición forzada de algunos pobladores, en torturas y malos tratos y en la muerte de un considerable número de personas cuya identificación no se logró, como es el caso de pequeños vendedores o consumidores de estupefacientes. Numerosos cadáveres fueron rescatados de las aguas del río Cauca.” Consejería Presidencial para los Derechos Humanos de la República de Colombia. Comisión de Investigación de los sucesos violentos de Trujillo. Caso 11.007 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Informe final, Bogotá, Imprenta Nacional de Colombia, 1995, p. 1-3.
[22] Consejería Presidencial para los Derechos Humanos de la República de Colombia. Comisión de Investigación de los sucesos violentos de Trujillo, op. cit., p. 10.
[23] Ibídem, p. 13.
[24] “Profanaron la tumba de Tiberio Fernández, padre mutilado y arrojado al río Cauca en 1990”. El Tiempo, 4 de febrero de 2008.
[25] Amnesty International, Colombie: Droits de l’homme question d’urgence, París: Editions Francophones d’Amnesty International, 1988, p. 29.
[26] Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, op. cit., p. 95.
[27] Ver: http://www.cnrr.org.co/new09/especiales/libertad/hechos.html
[28] Sigmund Freud, “El porqué de la guerra”, en: Obras Completas, Vol. XXII, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1979, p. 187-198.
[29] Tomado de: Konrad Lorenz, “Lucha ritualizada”, en: Fernando Gaitán Daza, “Una indagación sobre las causas de la violencia en Colombia”, en: Malcolm Deas y Fernando Gaitán Daza, Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia, Bogotá: Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo, Departamento Nacional de Planeación, 1995, p. 97.
[30] Estas discusiones y las referencias que el lector encuentra fueron trabajadas por el profesor Michel Wieviorka, durante su seminario “Sociología del Conflicto”, dictado en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, durante el año universitario 2001-2002.
[31] Ibídem.
[32] Ver: Stanley Milgram, Soumission à l’autorité. Un point de vue expérimental, París: Calmann-Levy, 1974.